lunes, 18 de abril de 2011

Las demandas más extrañas de la historia


El poner una demanda no es una cosa para tomarse a broma, ya que, aunque estás en tu pleno derecho de hacerlo, hay algunas veces que los motivos son tan estúpidos que es cuando menos, para asombrarse. Y es que lo peor no es el motivo de las mismas, si no que en muchos casos, por estos casos se han llegado a pagar barbaridades de dinero, siendo estos los casos más curiosos extraños demandados nunca:
10. Jerry Williams. Este estadounidense percibió 14.500 dólares más los gastos médicos después de ser mordido en el culo por el perro de su vecino. El perro estaba encerrado en una jaula dentro del jardín de su propietario.
La indemnización fue menor al percibir el jurado una cierta provocación en el hecho de que el señor Williams estuviera disparándole al perro desde arriba de la jaula con una pistola de bolas.

9. Allen Ray Heckard. Este ciudadano se considera un auténtico clon del seis veces campeón de la NBA Michael Jordan, y le ha reclamado a la compañía Nike y al propio Jordan ¡832 millones de dólares! por daños a su imagen, daños punitivos y sufrimiento emocional, que se producen al ser constantemente confundido con la estrella. A pesar de ser más bajo, delgado y viejo que Jordan, reivindica que no puede ir a la Iglesia, de compras o coger el transporte público sin sentirse acosado por quienes le confunden con él. Lamentablemente, dado que su parecido no era tal, no se llevó ni un céntimo.

8. Christopher Roller. Demandó a los magos David Copperfield y David Blaine, solicitándoles un 10% de sus ingresos. Según Roller, los trucos de ambos sólo pueden realizarse con poderes divinos, y considerando que él es Dios y nadie le pidió permiso para emplear sus poderes, se hacía justa una compensación.

7. Merv Grazinski. Een Noviembre de 2000 se compró una caravana marca Winnebago de las grandes (de las que son a la vez coche y caravana). En su primer viaje, estando en una autovía seleccionó una velocidad de crucero a 70 millas por hora (unos 120 km/h) y se fue a la parte de atrás a prepararse un café. No sorprende el hecho de que el camión/caravana se saliera de la carretera y colisionara. Mr.Grazinski contrariado denunció a Winnebago por no advertirle en el manual de uso de que efectivamente él no podía hacer eso. Por ello, fue recompensado con 1,750,000 dólares además una caravana nueva. Actualmente, Winnebago advierte de tal circunstancia en sus manuales.

6. Frank D’Alessandro. Este funcionario de prisiones de Nueva York, demandó a la ciudad por las heridas que sufrió tras estallar el váter público en el que estaba sentado.

5. Pavel Morgan. Este preso rumano cuando fue condenado a 20 años por asesinato, demandó a Dios basándose en que, en su bautizo, firmó un contrato en el cual Dios se comprometía a mantenerle alejado de los problemas, y dado que estaba en la cárcel, Él no había cumplido su parte.

4. Robert Lee Brock. Este preso de la ciudad de Virginia, en los últimos años ha estado presentando una serie de quejas sobre su vida en prisión y las condiciones en que los tienen, para que fuese sacado de la cárcel y ser llevado a una institución de enfermos mentales. Ha llegado al extremo de 'demandarse' a sí mismo, ya que dice que violó sus derechos civiles y religiosos al emborracharse y cometer los crímenes por los que estaba en prisión.

3. Marcy Noriega. Esta oficial de policía llevaba en la parte trasera de su coche patrulla a un sospechoso de provocar una pequeña pelea. Cuando el sospechoso, que estaba esposado, empezó a dar patadas a las ventanas del coche, Noriega decidió tranquilizarlo con su Taser, una pistola que lanza una pequeña descarga eléctrica para "calmar" a una persona. Sin embargo, en vez de sacar la Taser, que llevaba en un bolsillo de la chaqueta, sacó su pistola reglamentaria del cinturón y disparó al hombre en el pecho, con lo que le mató al instante. No obstante, el tribunal que la juzgó dijo que la muerte no fue culpa de la policía, puesto que “cualquier policía razonable” podía “coger y disparar por equivocación un arma de fuego en vez de una Taser”, y lo que hizo fue demandar a la empresa Taser, exigiendo que sea ella la que pague cualquier reclamación que presente la familia del fallecido.

2. Wanda Hudson. Después de que Hudson perdiera su casa por impago de hipoteca, llevó todas sus pertenencias a un almacén alquilado. Según ella, estaba una noche en su almacén “buscando unos papeles” cuando el propietario pasó por allí, halló la puerta entreabierta y la cerró. Huson niega que estuviera durmiendo en ese momento, pero incomprensiblemente no pidió ayuda ni golpeó la puerta para que la oyeran. Hudson permaneció en el almacén durante 63 días, y sobrevivió a duras penas: de los 80 kilos que pesaba al principio, pasó a tener 43 en el momento en que la encontraron. Luego denunció al dueño del almacén por negligencia y le exigió 10 millones de dólares. Aunque al jurado no se le permitió averiguar que los psiquiatras habían diagnosticado tiempo atrás que Hudson sufría problemas mentales, tuvo la sangre fría de fallar que Hudson era 99% responsable de su propia desgracia: así que sólo la recompensó con 100.000 dólares.

1. Stella Liebeck. Tenía 79 años cuando se encontraba en el asiento del copiloto de su Ford Probe, mientras su nieto conducía hacia la entrada de uno de los restaurantes de la cadena de comida rápida McDonalds en Nuevo México. Él realizó una maniobra con el coche de modo tal que Stella pudiera agregar crema y azúcar a su café. Ella puso la taza entre sus piernas y levantó la tapa ligeramente.
En ese punto, derramó todo el contenido del envase sobre sus rodillas. Su pantalón de algodón absorbió el café, manteniéndolo contra su piel por más de un minuto y medio.
El líquido hirviente escaldó sus muslos, nalgas e ingle. Una vez en el hospital, se determinó que había sufrido quemaduras de tercer grado en un 6% de su piel y quemaduras menores en otro 16%. Se mantuvo internada por ocho días y se sometió a una serie de injertos de piel.
En éste, Reed, el abogado de Liebeck, sostuvo que McDonalds servía el café a temperaturas entre 180 y 190 grados Fahrenheit. A este nivel, esta bebida podría causar quemaduras de tercer grado en menos de diez segundos. Reed también reveló durante el proceso que entre 1982 y 1992, McDonalds recibió cerca de 700 quejas de gente que sufría quemaduras con el café, y que hasta el momento había desembolsado más de $500,000 en casos de escaldaduras por ello.
Al final, se determinó que Liebeck recibiera casi 1.000.000 de Dólares por daños punitivos y compensatorios.

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