miércoles, 12 de enero de 2011

Las batallas más decisivas de la antigüedad

A casi todo el mundo le gustan las historias de grandes batallas, evidenciado en el gran número de películas sobre el tema que se estrenan todos los años. Nosotros, en esta lista no vamos a mirar esas batallas por su número de muertos o sangre, sino por la importancia que han tenido para las guerras futuras, tanto en el plano de los métodos utilizados, como en las estrategias tomadas. También hemos de añadir que tomaremos solo las batallas que se iniciaron antes del año 0. Estas son las batallas más decisivas de toda la antigüedad:

10. Batalla de Carras. Fue una importante batalla que tuvo lugar en el año 53 a. C. en la ciudad de Carras (actualmente Harrán, Turquía) entre el ejército romano al mando del general Marco Licinio Craso, gobernador de Siria por aquel entonces, y el ejército parto al mando del general Surena. Fue una de las derrotas más severas que sufrió la República romana.
Para Roma la principal consecuencia de esta batalla fue la muerte de Craso, y en consecuencia la desaparición del primer triunvirato, pasando de una regla de tres a otra de dos. Pero aún así dos era multitud para el gobierno de la República y el camino estaba despejado para el inicio de la guerra civil entre Julio César y Pompeyo.
Otra de las implicaciones de esta batalla fue el hecho de que el continente europeo se abriera a un nuevo y preciado material: la seda. Los romanos que lograron sobrevivir a la batalla describieron haber visto unas banderas brillantes, hechas al parecer con seda, usadas por los partos mientras les perseguían. Así, al mismo tiempo que el interés en Europa por este tejido crecía, se extendía la ruta de la seda entre este continente y China, dando comienzo a una de las rutas comerciales más grandes y prósperas de la historia.

9. Batalla de Pidna. Puso fin a la Tercera Guerra Macedónica entre Roma y Macedonia. El ejército romano estuvo bajo el mando del cónsul Lucio Emilio Paulo y el de Macedonia dirigido por su rey Perseo. Tuvo lugar el 22 de junio de 168 a. C. en el noreste de Grecia cerca de la localidad de Pidna en el golfo de Tesalónica. Esta batalla puso de manifiesto la supremacía de la legión romana sobre la rígida falange macedonia.
Esta batalla puso fin definitivo al Imperio de Alejandro Magno 144 años después de su muerte, y casi todo el Mediterráneo quedó bajo el dominio de Roma.
En cuanto Roma supo el resultado de la batalla, dispuso que todos los estados de macedonios y griegos, amigos y enemigos, fueran despojados de su fuerza. Macedonia desapareció siendo dividida en una federación compuesta por cuatro ligas republicanas.
Emilio Paulo tuvo que permitir, contra su voluntad, que fueran saqueadas setenta ciudades y se vendiera como esclavos a 150,000 hombres. Roma, una vez que aplastó a sus enemigos, hizo lo mismo con sus aliados.
Así fue como Roma, después de Pidna, quedó convertida en potencia mundial y en un auténtico imperio, aunque aún no llevara tal nombre.

8. Batalla de Ipsos. Tuvo lugar en 301 a. C. y se inscribe en las batallas de los diádocos, es decir, los sucesores de Alejandro Magno. En el curso de la tercera guerra de los Diádocos tuvo lugar la batalla de Ipsos, que fue ganada por Ptolomeo y permitió la dominación de Egipto sobre Palestina y Chipre.
Esta batalla enfrentó a las fuerzas coaligadas de Ptolomeo I (faraón de Egipto), de Seleuco (emperador de Babilonia y de los sátrapas orientales), de Casandro (rey de Macedonia) y de Lisímaco (soberano de Tracia) con los ejércitos de Antígono y de su hijo Demetrio I Poliorcetes ("asediador de ciudades"), que habían conseguido agrupar bajo su égida el Levante: Siria, Asia Menor y Grecia (en 302 a. C.)
Según Plutarco (Vida de Demetrios, XXVIII, 6. XXX), el ejército antigónida estaba compuesto por 70.000 hombres a pie, 10.000 a caballo y 75 elefantes, frente a una fuerza coaligada de 64.000 hombres, 10.500 jinetes, 400 elefantes, así como 120 carros de guerra.
Al día siguiente de comenzar la batalla, Demetrio, a la cabeza de su mejor caballería, atacó a Antíoco, hijo de Seleuco, que huyó en espantada. Pero en lugar de detenerse, Demetrio avanzó y, rápidamente, los elefantes del ejército coaligado le bloquearon la salida: ¡había caído en la trampa! La mayor parte de su caballería tuvo miedo de ser masacrada y cambió de bando. El resto fue derrotado. Antígono luchó bravamente y murió abandonado por todos, salvo por Thorax de Larisa. Estando la infantería antigónida privada del sostén de su caballería, el ejército coaligado se lanzó al asalto general, la caballería a la cabeza, y el frente se rompió.
Tras la derrota, Demetrios, que había dirigido al resto del ejército en ausencia de su padre, huyó con 40.000 soldados y 5.000 jinetes. Al término de esta batalla, los vencedores se repartieron el imperio de Antígono: Ptolomeo se apoderó del Mediterráneo oriental, Casandro de Grecia y Seleuco, el gran vencedor, de toda Asia Menor y de Siria.

7. Gaugamela. Esta batalla tuvo lugar el 1 de octubre de 331 a. C. en Gaugamela , en la ribera del río Bumodos, tributario del Gran Zab. En la batalla se enfrentaron el ejército persa a las órdenes de su rey Darío III y el ejército macedonio bajo el mando de Alejandro Magno. Darío eligió esa localidad porque era una amplia llanura que favorecía a sus numerosas fuerzas montadas.
Es imposible calcular las bajas de esta batalla. Los historiadores antiguos van desde 300.000 persas muertos y solamente 100 macedonios y 1.000 caballos, hasta otros más modernos que las estiman en 40.000 muertos persas y 5.000 macedonios.
Alejandro se dirigió desde Arbelas a Babilonia, donde ordenó reconstruir el templo de Marduk. Luego tomó Susa, donde se apoderó de 120.000 talentos, y más tarde conquistó Persépolis, donde en un acto ritual de venganza quemó el palacio de Jerjes.
En el invierno del año 330 a. C. partió de Persépolis a Ecbatana, donde se apoderó de 180.000 talentos, pero Darío lo eludió nuevamente. Por fin, tras recorrer 585 km en once días, logró alcanzar a la comitiva de Darío para enterarse que éste había sido asesinado por Besso. Con la muerte de Darío se cumplió el objetivo político de Alejandro: imponer su voluntad en el Imperio y establecer su dominio sobre las satrapías del este.

6. Batalla de Maratón. También conocida como Tercera Guerra Médicas, es el el enfrentamiento entre el Imperio persa y algunas de las ciudades-estado griegas, durante el siglo V a. C. . Varias son las razones para que esta guerra fuese tan decisiva, destacando el comienzo de la decadencia del Imperio Persa, la imposición de la hegemonía ateniense en el Imperio Griego, o la independencia de las ciudades de Asia Menor.

5. Batalla de Cinoscéfalos. Tuvo lugar en Tesalia y enfrentó al ejército Romano del cónsul Tito Quincio Flaminino, apoyado por grupos helénicos disidentes, y fuerzas Macedónicas, bajo el mando de Filipo V.
La victoria fue por parte del ejército romano, lo cual marcó el final de la hegemonía imperial macedonia, algo que habían mantenido desde tiempos de Alejandro Magno. También supuso, lógicamente el comienzo del dominio de Roma.
Esta derrota también es muy famosa por haber mostrado que la alguna vez invencible falange macedonia, quizás la más efectiva unidad de batalla del mundo antiguo hasta el momento, era desde ese momento obsoleta, esto se debió principalmente a que las rígidas falanges macedonias tenía toda su fuerza en el ataque frontal, mientras que las legiones romanas, tácticamente más flexibles pero igual de disciplinadas podían flanquearlas y atacarlas por la retaguardia.



4. Batalla de Accio. Se produjo el 2 de septiembre del año 31 a. C., entre las flotas de Octavio Augusto, dirigida por Agripa, y la de Marco Antonio y su aliada Cleopatra, frente al golfo de Ambracia y el promontorio de Actium (Accio). La batalla se saldó con la victoria absoluta de Octavio Augusto y la huida de Antonio y Cleopatra.
La batalla de Actium decidió el resultado del enfrentamiento entre Marco Antonio y Octavio, pero no terminó la guerra. Antonio y Cleopatra reorganizaron la resistencia en Alejandría, donde fueron vencidos sin lucha en agosto del año 30 a. C . Antonio terminó entonces su vida atravesándose con su propia espada. Cleopatra se suicidó también para evitar figurar en el desfile triunfal de Augusto. El ejército de tierra de Antonio se rindió y fue tratado con clemencia.
La propaganda oficial convirtió Actium en un enfrentamiento entre los dioses romanos y los dioses animales egipcios. El futuro político de los nobles romanos quedó marcado por el lado del que se habían puesto. La fecha de esta batalla se ha usado para marcar el final de la República Romana y el comienzo del Imperio.

3. Batalla de Espartaco. Entre 73 y 71 a. C., una banda de esclavos huidos —originalmente un pequeño cuadro de unos 70 gladiadores fugados que creció hasta ser una banda de 120.000 hombres, mujeres y niños— deambuló por la provincia romana de Italia asaltándola con relativa impunidad bajo el mando de varios líderes, incluyendo el famoso gladiador-general Espartaco. Los adultos capacitados de esta banda constituyeron una fuerza armada sorprendentemente efectiva que demostró repetidas veces su capacidad para resistir al ejército romano, desde las patrullas locales de Campania a las milicias romanas y las cualificadas legiones bajo mando consular. Plutarco describió las acciones de los esclavos como un intento de estos de escapar de sus amos y huir a través de la Galia Cisalpina, mientras que Apiano y Floro retratan la revuelta como una guerra civil en la que los esclavos hicieron campaña para capturar la misma ciudad de Roma.
Aunque la guerra de Espartaco es notable por derecho propio, la Tercera Guerra Servil fue significativa en la historia de la antigua Roma por su efecto sobre las carreras de Pompeyo y Craso.
Los efectos de la Tercera Guerra Servil sobre la actitud de los romanos hacia la esclavitud y la institución de la esclavitud en Roma son difíciles de determinar. Desde luego, la revuelta había conmocionado al pueblo romano, que "a partir de un miedo absoluto parecía haber empezado a tratar a sus esclavos con menos dureza que antes". Los ricos dueños de los latifundia comenzaron a reducir el número de esclavos agrícolas, optando por emplear al gran conjunto de hombres libres desposeídos en contratos de mediería.55 Con el fin de la Guerra de las Galias de Julio César en 52 a. C., las grandes guerras de conquista romanas cesarían hasta el reinado del emperador Trajano (que reinó del 98 d. C. al 117 d. C.), y con ellas el abundante y económico suministro de esclavos provenientes de la conquista militar, promoviendo el uso de trabajadores libres en las fincas agrícolas.

2. Batalla de Farsalia. Enfrentó a los ejércitos romanos de Julio César, quién se declaró vencedor, y Cneo Pompeyo Magno, en el contexto de la guerra civil entre populares y optimates.
Con el triunfo de César en esta batalla se dejarían listos los cimientos para edificar lo que sería el grandioso Imperio Romano, mostrando además gran superioridad contra su oponente, Pompeyo, quién huyó a Egipto, donde fue asesinado.

1. Batalla de Salamina. fue un combate naval que tuvo lugar el dia 29 de septiembre del año 480 a. C. y que forma parte de lo que se conoce como la Segunda Guerra Médica entre los persas y los griegos, quién obtuvieron una decisiva victoria.
Salamina en el aspecto táctico no fue una gran victoria, pero estratégicamente tuvo un caráter decisivo para ambos pueblos. Los griegos perdieron 40 barcos, mientras que 200 de los persas fueron destruidos y otros muchos, capturados. Sin embargo, lo peor fue el gran golpe sufrido en su prestigio. Presagió las revueltas que tendría que afrontar en el futuro cercano, especialmente entre los griegos de Jonia. Hasta Salamina, el dominio del mar Egeo había sido indiscutible para Persia, pero después de la batalla se le hizo muy difícil mantener el abastecimiento de su numeroso ejército en la Grecia.
Terminada la batalla, Jerjes se preocupó especialmente de la suerte que podían correr sus puentes en el Helesponto por lo que envió inmediatamente la flota a Asia para proteger la costa oriental del Egeo y pocos días después se puso en marcha hacia el norte con su ejército, dejando en Grecia un ejército de ocupación de 120.000 hombres al mando de Mardonio.

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