viernes, 1 de abril de 2011

Las frases más famosas que nunca existieron

Hay muchas cosas a lo largo de la historia que se han ido aceptando conforme pasaban los años sin tener ninguna prueba refutable de que han ocurrido como se cuenta. Entre ellas están varias citas célebres que nunca han sido dichas por nadie, pero que es comunmente aceptado que se atribuya a un personaje en concreto, siendo estas las más famosas frases que nunca se han dicho:


10. "Decíamos ayer…" (Fray Luis de León). Este poeta y humanista impartía clases en la Universidad de Salamanca, y estuvo en la cárcel por traducir algunos libros que no estaban bien vistos, pero esto no impidió que su carrera docente siguiera activa y progresando.
Cuenta la historia que cuando Fray Luis de León, después de pasar cinco años en la cárcel, regresó a su aula de la Universidad de Salamanca para continuar con su labor docente, comenzó la clase diciendo: “Decíamos ayer… “. Pues al parecer, De León no dijo eso, si no "Decíamos tiempo atrás…", y aunque los cambios son muy pequeños, pierde todo el sentido anecdótico y rebelde que se le ha atribuido siempre.

9. "Sangre, Sudor y Lágrimas (W. Churchill). Esta celebre frase que es atribuída al que fuera primer ministro británico, en realidad ni la pronunció así, ni es suya. Lo que dijo excatamente en la Cámara de los comunes en 1940, fue "No tengo más que ofrecer que sangre, fatigas, lágrimas y sudor". Cuando acabó la sesión alguien hizo notar a Churchill que el novelista Henry James había usado una frase parecida. Churchill dijo no conocer ni a la novela ni al autor y para que quedara claro no tuvo empacho alguno en seguir usándola esta vez en la versión que conocemos “Sangre, sudor y lágrimas”.

8. Houston, Tenemos un Problema (Jim Lovell y Jack Swigert). Esta frase causa mucha controversia, ya que unos dicen que sí se llego a pronunciar y otros que no, pero para despejar dudas, hemos encontrado la traducción de la conversación que tuvo lugar entre Houston y Jim Lovell y Jack Swigert mientras estaban en el Apolo XIII:
Swigert: “Okay, Houston, Aquí hemos tenido un problema.”
Lousma: "Esto es Houston. Repita porfavor”.
Lovell: “Houston, hemos tenido un problema. Hemos tenido una bajada de voltaje en el bus B principal”.
Por lo que, el énfasis y angustia de esa frase, no fue tal, como bien habéis visto.

7. "Mi nombre es Bond, James Bond" (James Bond). Una de las mejores frases de la historia del cine, ha sido eso, un invento cinematográfico, ya que aunque sí la llegó a pronunciar Sean Conery en varias de las películas del agente secreto, en la obra original de Ian Fleming, jamás quedó escrita.

6. "Ladran Sancho, señal que cabalgamos" (Don Quijote). Una frase frecuentemente atribuida a Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes, no aparece en ninguna parte del libro. El origen, según Arturo Ortega Morán es el poema Labrador (1808) de Goethe: «Pero sus estridentes ladridos / sólo son señal de que cabalgamos». La adición del nombre Sancho se produjo, por error, en algún momento de la primera mitad del siglo XX.

5. "Se Puede Engañar a Todo el Mundo Alguna Vez y a Alguna Persona Todo el Tiempo, Pero no se Puede Engañar a Todo el Mundo Todo el Tiempo" (Abraham Lincoln). Esta frase se dice que la pronunció Abraham Lincoln el 8 de Septiembre de 1858 en el estado de Illinois cuando se presentaba a las elecciones para senador. El problema es que no se encuentra registro de ella en ningún periódico ni crónica de la época. Tan solo aparece en un libro de finales del siglo XIX escrito por un coronel quien dice mantuvo con él esta conversación. Se duda mucho de la versión de este coronel aunque distintas investigaciones se han esforzado por adjudicársela a Lincoln ya que es una frase que adorna en gran manera la vida de cualquier gobernante.

4. "Tócala Otra vez Sam" (Humphrey Bogart). Quizá la más famosa frase de la película Casablanca, atribuida al personaje de Rick (Bogart), y sin embargo ningún personaje la pronuncia. El personaje de Ilsa dice "Tócala, Sam. Toca «Así como el tiempo pasa»". Más adelante, Rick le dice a Sam "La tocaste para ella, la puedes tocar para mí. Tócala". La frase "Tócala otra vez, Sam" aparece realmente en la película de los hermanos Marx (1946) A night in Casablanca (‘Una noche en Casablanca’) y es el título original de la película Sueños de seductor, de Woody Allen. Del mismo modo, "Tócala otra vez" es el título de la primera novela de Stephen Humphrey Bogart, hijo del actor y de la actriz Lauren Bacall.

3. "No Estoy de Acuerdo con lo que Decís, Pero Defenderé Hasta la Muerte Vuestro Derecho a Decirlo (Voltaire). Esta bonita afirmación es atribuida a Voltaire, pero ningún experto ha sido capaz de encontrarla en ninguno de sus escritos, ni tampoco el mínimo rastro de que haya sido pronunciada por él. La frase aparece por primera vez en un libro titulado “The friends of Voltaire” escrito por Beatrice Hall. La "pequeña" pega es que a Voltaire y esta escritora los separan casi doscientos años.

2. "El Fin Justifica los Medios" (Maquiavelo). Esta famosísima frase atribuída a Maquiavelo no aparece escrita en ninguna de sus obras ni se tiene constancia de que la pronunciara jamás. Lo más parecido (en su significado que no en su forma) aparece en su libro “Historia Florentina (III)” y dice: “Aquellos que triunfan nunca resultarán avergonzados por el modo como hayan triunfado
Lo cierto es que dista bastante de la frase en cuestión aparte de que es ridículo pensar, en que nadie antes de Maquiavelo, no haya expresado de alguna manera tan “magnífica excusa” para hacer lo que a uno le venga en gana, sin importarle nada ni nadie.

1. "Elemental, Mi Querido Watson" (Sherlock Holmes). Esta frase tan famosa y que casi todos pensábamos que Sherlock Holmes había nacido diciéndola, en realidad no sale en ninguna de las muchas novelas del genial detective. Lo más aproximado aparece en un relato titulado “El jorobado” y que publicó Conan Doyle en una revista en 1893. Ocurre cuando Sherlock, de un vistazo, averigua que Watson ha estado últimamente muy liado con su trabajo. Watson extrañado le pregunta como lo ha adivinado:
Cuando su ronda de visitas es corta, usted las hace a pie, y cuando es larga coge un coche de alquiler. Como estoy viendo que sus botas, aunque usadas, no están ni mucho menos sucias, no puedo dudar de que hoy ha estado lo suficientemente atareado para justificar el empleo de un coche de alquiler.
¡Bien deducido! -Exclama Watson.
Es elemental. Es uno de esos casos en los que el razonador puede producir un efecto que a su vecino le parece extraordinario…”
La frase no vuelve a repetirse y desde luego no tiene la carga de vanidad que tiene el famoso “Elemental, mi querido Watson


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