miércoles, 2 de marzo de 2011

Los mayores imperios de la historia

La definición de imperio es "el poder supremo que tiene una entidad sobre un área que engloba pueblos de distintas etnias y nacionalidades". Pues hoy os vamos a hablar de esos grandes imperios que han habido a lo largo de la historia, y es que han habido muchos, por lo que seguro que esta lista genera gran controversia:
10. Imperio Otomano. Comenzó siendo uno más de los pequeños estados turcos que surgieron en Asia Menor durante la decadencia del Imperio selyúcida. Los turcos otomanos fueron controlando paulatinamente a los demás estados turcos y bajo el reinado de Muhammad I (1451-1481) acabaron con lo que quedaba del la dinastía selyúcida. La primera fase de la expansión otomana tuvo lugar bajo el gobierno de Osmán I y siguió en los reinados de Orkhan, Murad I y Beyacid, a expensas de los territorios del Imperio Bizantino, Bulgaria y Serbia. Bursa cayó bajo su dominio en 1326 y Adrianópolis en 1361. Las victorias otomanas en los Balcanes alertaron a Europa sobre el peligro que este Imperio representaba y fueron el motivo central de la organización de la Primera Cruzada. El sitio que pusieron los otomanos a Constantinopla fue roto gracias a Tamerlán, líder de los mongoles, quien tomó prisionero a Beyacid en 1403. Pero el control mongol sobre los otomanos duró muy poco.
En su máximo esplendor, entre los siglos XVI y XVII se expandía por tres continentes, controlando una vasta parte del Sudeste Europeo, el Medio Oriente y el norte de África, limitando al oeste con Marruecos, al este con el Mar Caspio y al sur con Sudán, Eritrea, Somalía y Arabia.

9. Monarquía Hispánica. Alcanzó los 20 millones de kilómetros cuadrados a finales del siglo XVIII, alcanzándose su máxima expansión se produjo entre los años 1580 y 1640, durante los reinados de Felipe II, III y IV.
El Imperio español fue el primer imperio global, porque por primera vez un imperio abarcaba posesiones en todos los continentes, las cuales, a diferencia de lo que ocurría en el Imperio romano o en el carolingio, no se comunicaban por tierra las unas con las otras.
Las luchas constantes con potencias emergentes de Europa, a menudo simultáneamente, durante largos períodos y basadas tanto en diferencias políticas como religiosas, con la pérdida paulatina de territorios, difícilmente defendibles por su dispersión, contribuyeron al lento declive del poder español. Entre 1648 y 1659, las paces de Westfalia y los Pirineos ratificaron el principio del ocaso de España como potencia hegemónica. Este declive culminó, en lo que respecta al dominio sobre territorios europeos, con la Paz de Utrecht (1713), firmada por un monarca que procedía de una de las potencias rivales, Felipe V: España renunciaba a sus territorios en Italia y en los Países Bajos, perdía la hegemonía en Europa, renunciaba a seguir dominando en la política europea.

8. Imperio Persa. Se extendió por los territorios de los actuales estados de Irán, Irak, Turkmenistán, Afganistán, Uzbekistán, Turquía, Chipre, Siria, Líbano, Israel y Egipto. Su expansión territorial comenzó, durante el reinado de Ciro II, con la anexión del reino medo, y alcanzó su máximo hacia el año 500 a. C., cuando llegó a abarcar parte de los territorios de los actuales estados de Libia, Grecia, Bulgaria y Pakistán, así como ciertas áreas del Cáucaso, Sudán y Asia Central. Las grandes conquistas hicieron de él el imperio más grande en extensión hasta entonces. Su existencia concluyó en 330 a. C. cuando el último de los reyes aqueménidas, Darío III, fue vencido por Alejandro Magno.

7. Imperio Bizantino. En tanto que es la continuación de la parte oriental del Imperio romano, su transformación en una entidad cultural diferente de Occidente puede verse como un proceso que se inició cuando el Emperador Constantino I el Grande trasladó la capital a la antigua Bizancio (que entonces rebautizó como Nueva Roma, y más tarde se denominaría Constantinopla); continuó con la escisión definitiva del Imperio romano en dos partes tras la muerte de Teodosio I, en 395, y la posterior desaparición, en 476, del Imperio romano de Occidente; y alcanzó su culminación durante el siglo VII, bajo el emperador Heraclio I, con cuyas reformas (sobre todo, la reorganización del ejército y la adopción del griego como lengua oficial), el Imperio adquirió un carácter marcadamente diferente al del viejo Imperio romano.
Durante su milenio de existencia, el Imperio fue un bastión del cristianismo, y protegió a Europa Occidental del avance del Islam. Fue uno de los principales centros comerciales del mundo, estableciendo una moneda de oro estable que circuló por toda el área mediterránea. Influyó de modo determinante en las leyes, los sistemas políticos y las costumbres de gran parte de Europa y de Oriente Medio, y gracias a él se conservaron y transmitieron muchas de las obras literarias y científicas del mundo clásico y de otras culturas.

6. Dinastía Han. Durante la dinastía Han, sus reyes adoptaron las enseñanzas de los grandes filósofos de la antigüedad, Lao-Tse y Confucio. El gobierno se desarrolló bien logrando expansión territorial. Se fomentó la educación y la escritura en el recién inventado papel de arroz. Se propició gran intercambio de mercancías por la Ruta de la Seda, que va del Océano Pacífico hasta Persia e India. China se convirtió oficialmente en un Estado confuciano y prosperó en el ámbito interno: la agricultura, los productos hechos a mano y el comercio florecieron, y la población llegó a los 50 millones de personas. Mientras tanto, el imperio extendió su influencia cultural y política sobre los actuales Vietnam, Asia central, Mongolia y Corea antes de derrumbarse bajo una combinación de presiones internas y externas.

5. Imperio Británico. Comprendió los dominios, colonias, protectorados y otros territorios gobernados o administrados por el Reino Unido entre los siglos XVI y XX. Durante las primeras décadas del siglo XX, el Imperio británico abarcaba una población de cerca de 458 millones de personas y unos 33 000 000 km², lo que significaba aproximadamente una cuarta parte de la población mundial y una quinta parte de las tierras emergidas.
El pico propiamente dicho se desarrolló durante unos 100 años (el llamado siglo imperial desarrollado entre 1815 y 1914), a través de una serie de fases de expansión relacionadas con el comercio, la colonización y la conquista, además de períodos de actividad diplomática.
El Imperio facilitó la extensión de la tecnología, el comercio, el idioma y el gobierno británicos por todo el mundo. La hegemonía imperial contribuyó al espectacular crecimiento económico de Gran Bretaña y al peso de sus intereses en el escenario mundial.
El crecimiento de los movimientos nacionalistas anticolonialistas en los territorios súbditos durante la primera mitad del siglo XX desafió a una potencia imperial, que cada vez tenía que preocuparse más por asuntos más cercanos, en especial tras la Segunda Guerra Mundial. Aprovechando esta oportunidad, primero la India, y tras ella otros territorios de Asia y de África reclamaron convertirse en estados independientes. Tras algunos intentos desastrosos de evitarlo, Gran Bretaña tuvo que aceptar la nueva situación que condujo al antiguo Imperio a convertirse en lo que hoy en día es la Commonwealth.
El final del Imperio se unió a los problemas económicos que Gran Bretaña tuvo que afrontar tras el fin de la Segunda Guerra Mundial.

4. Sacro Imperio Romano. Fue la unión política de un conglomerado de Estados de la Europa Central, que se mantuvo desde la Edad Media hasta inicios de la Edad Contemporánea. Formado en 962, tiene sus orígenes en la parte oriental de las tres en que se dividió el imperio carolingio. Desde entonces, el Sacro Imperio se mantuvo como la entidad predominante en la Europa central durante casi un milenio y hasta su disolución en 1806 por Francisco II. En tiempos del emperador Carlos V.
Además del territorio de Holstein, el Sacro Imperio comprendía Bohemia, Moravia y Silesia, alcanzando con Carniola las costas del Adriático. Por el oeste, pertenecían a él el condado libre de Borgoña (Franco-Condado) y Saboya, a los que se sumaban Génova, Lombardía y Toscana en tierras italianas. También estaban integrados en el Imperio la mayor parte de los Países Bajos, con la excepción del Artois y Flandes, al oeste del Escalda. Partiendo del norte de los Alpes, llevaba todo un mes atravesar el territorio imperial en sentido norte-sur o este-oeste.
Nunca tuvo vocación de convertirse en Estado-nación, solo buscó integrar naciones en un solo concepto sagrado de naciones renacentistas con bases católicas cristiano-romanas con un mismo propósito común, a pesar del carácter germánico de la mayor parte de sus gobernantes y habitantes. Desde sus inicios, el Sacro Imperio estuvo constituido por diversos pueblos, y una parte sustancial de su nobleza y cargos electos procedía de fuera de la comunidad germano-hablante.

3. Imperio Ruso. A finales del siglo XIX, el imperio comprendía 22.900.000 km². De acuerdo al censo de 1897 su población alcanzaba 125.640.000 personas, habitando la mayoría (93,44 millones) en Europa. Más de 100 diferentes grupos étnicos convivían en el imperio (la etnia rusa componía el 44% de la población). Además del actual territorio de Rusia, en 1917 el Imperio ruso incluía territorios de los estados bálticos, Ucrania, Bielorrusia, parte de Polonia (Reino de Polonia), Moldavia (Besarabia), el Cáucaso, Finlandia, la mayoría del Asia Central y una parte de Turquía (las provincias de Ardahan, Artvin, Iğdır y Kars). Entre 1732 y 1867 el Imperio ruso también incluía Alaska, al otro lado del estrecho de Bering.
Después de que la monarquía zarista fuese derrocada durante la Revolución de Febrero en 1917, Rusia fue declarada República bajo un gobierno provisional.

2. Imperio Mongol. Fue el imperio de tierras continuas más extenso de la historia, ya que en su máximo apogeo se extendió desde la península coreana hasta el río Danubio, llegando a tener una extensión de 33 millones de kilómetros cuadrados y más de 100 millones de habitantes, incluyendo a algunas de las naciones más avanzadas y pobladas de la época, como China, Irak, Irán y los países de Asia Central y Asia Menor.
La decadencia del imperio mongol se dio por diversos factores, entre los cuales destacan la rivalidad tribal o la asimilación de las culturas conquistadas, ya que con tantas naciones en su poder, eran continuas las rebeliones.

1. Imperio Romano. El nacimiento del Imperio viene precedido por la expansión de su capital, Roma, que extendió su control en torno al Mar Mediterráneo. Bajo la etapa imperial los dominios de Roma siguieron aumentando hasta llegar a su máxima extensión durante el reinado de Trajano, momento en que abarcaba desde el Océano Atlántico al oeste hasta las orillas del Mar Caspio, el Mar Rojo y el Golfo Pérsico al este, y desde el desierto del Sahara al sur hasta las tierras boscosas a orillas de los ríos Rin y Danubio y la frontera con Caledonia al norte. Su superficie máxima estimada sería de unos 6,5 millones de km².
Los dominios de Roma se hicieron tan extensos que pronto fueron difícilmente gobernables por un Senado incapaz de moverse de la capital ni de tomar decisiones con rapidez. Asimismo, un ejército creciente reveló la importancia que tenía poseer la autoridad sobre las tropas para obtener réditos políticos. Así fue como surgieron personajes ambiciosos cuyo objetivo principal era el poder. Este fue el caso de Julio César, quien no sólo amplió los dominios de Roma conquistando la Galia, sino que desafió la autoridad del Senado romano.
Su fin llegó cuando a principio del siglo V, las tribus germánicas, empujadas hacia el Oeste por la presión de los pueblos hunos, procedentes de las estepas asiáticas, penetraron en el Imperio Romano. Las fronteras cedieron por falta de soldados que las defendiesen y el ejército no pudo impedir que Roma fuese saqueada por visigodos y vándalos. Cada uno de estos pueblos se instaló en una región del imperio, donde fundaron reinos independientes. Uno de los más importantes fue el que derivaría a la postre en el Sacro Imperio Romano Germánico. El emperador de Roma ya no controlaba el Imperio, de tal manera que en el año 476, un jefe bárbaro, Odoacro, destituyó a Rómulo Augústulo, un niño de 15 años que fue el último emperador Romano de Occidente y envió las insignias imperiales a Zenón, emperador Romano de Oriente.

1 comentario:

w.e. dijo...

¿Por "Los Mayores imperios de la historia" se refieren a extención territorial, o prosperidad social y cultural?

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