jueves, 17 de marzo de 2011

Las autocirugías más sorprendentes de la historia

Lo primero de todo, pedir disculpas por estar ya casi una semana sin actualizar, pero se me han unido problemas informáticos con mucho trabajo, por lo que me ha sido totalmente imposible, intentaré restablecer el ritmo de publicación durante los próximos días.
Y ahora vamos con nuestra lista de hoy, sobre las autocirugías que son como su propio nombre indica, el acto de realizarse uno mismo un proceso quirúrgico, con los grandísimos riesgos que ello conlleva. Pero hay algunos casos en los que se hace totalmente necesario, bien por la urgencia que el caso requiere o bien porque el "autopaciente", está totalmente solo en un radio de varios kilómetros. Los mayores valientes que han sido capaces que han sido capaces de realizarse una cirugía ellos mismos, son los siguientes:

10. Jerri Nielsen. En Marzo del año 1999, era la única con la carrera de medicina entre 41 científicos en una base de la Antártida. Hacía pocos días que se había implantado el cierre oficial de la estación coincidiendo con el comienzo del invierno polar que, durante ocho meses y medio, iba a mantener a los integrantes de la misión completamente aislados del resto del mundo. Pues justamente la Doctora Nielsen se notó un bulto en un pecho , no tardando en hacer un autodiagnóstico: cáncer de mama.
Debido a las condiciones extremas del lugar donde se encontraba la base, no se podía evacuar a nadie. Simplemente y en casos muy extremos como éste, se podían lanzar medicamentos e instrumental necesario desde aviones. La organización de este envío permitió que Nielsen comenzase a aplicarse a sí misma un tratamiento de quimioterapia hasta que, en octubre, pudo por fin ser evacuada.
Lamentablemente, y después de haber remitido casi por completo, el cáncer volvió a hacer mella en esta mujer, hasta acabar con su vida en el año 2009.

9. Amanda Feilding. En el año 1970, esta inglesa que en esos momentos contaba con 27 años de edad se encontraba agotada durante todo el día, por lo que se hizo a sí misma un agujero en la zona frontal de la cabeza con la ayuda de un torno eléctrico de dentista. El orificio craneal le permitiría alcanzar un nivel de conciencia superior, según preconizaba desde hacía más de una década el doctor holandés Bart Hughes, mentor del movimiento a favor de la trepanación – perforación intencionada del cráneo valiéndose de un instrumento– y fundador de la Religión Evolucionista. Tras buscar sin éxito durante cuatro años un cirujano que llevara a cabo la operación, Feilding se armó de valor para perforarse el cráneo delante del espejo del cuarto de baño. Su esposo, Joey Mellen, profesor de la Universidad de Oxford y hoy también trepanado, grabó en vídeo la temeraria intervención.

8. Deborah Sampson. Esta mujer nació en 1760 en los Estados Unidos, siendo la primera mujer en la historia de Estados Unidos que se hizo pasar por hombre para ingresar en la Armada de los EEUU para participar en la Guerra de la Independencia Americana.
Con diez años, Sampson se convirtió en sirviente con un contrato de aprendizaje en la casa de Benjamin Thomas, que vivía con su esposa y ocho hijos menores de dieciocho años. Ayudaba con las tareas domésticas y trabajaba en el campo. El trabajo duro le dio una fuerza física impropia de su sexo anatómico. En invierno, cuando no había mucho trabajo que hacer en la granja, podía acudir a la escuela.
A menudo iba de caza con los hijos de Thomas y era mucho mejor tirador que cualquiear de la casa en la que servía. Aprendió tantas artes, que cuando su aprendizaje terminó en 1779, fue contratado como profesor en la escuela pública de Middleborough.
En 1780, Benjamin Thomas llegó contando cómo dos de sus hijos habían muerto en la guerra. Ante la noticia de la muerte de sus dos amigos, a los que siempre había considerado como hermanos, Devorah dio por fin el paso y, vistiéndose con el uniforme militar, marchó a combatir.
Cumplió su deber expléndidamente, logrando ocultar su sexo en todas las situaciones posibles, aunque eso le trajo más de un problema, ya que fue herida en combate, por un lado en la cabeza y por otro en la pierna, ocultando esta última, y teniendo que sacar ella misma la bala, con una aguja de coser y una navaja. Aunque la operación fue mejor del o que ella misma pudo imaginar, el ocultar su género le conllevaría molestias en la pierna durante toda su vida.

7. Leonid Rogozov. Era un médico soviético que se graduó en el año 1959 y comenzó una residencia en cirugía. Sin embargo, pronto debió interrumpir estos estudios tras ser asignado a una base de la antigua URSS en la Antártida.
Era el único médico en la estación de Novolazarevskaya y Rogozov, quien en aquél entonces tenía 27 años, enfermó repentinamente. Tras analizar sus síntomas, se dio cuenta de que tenía apendicitis y dadas las condiciones climáticas y el aislamiento en que se encontraba la base, era imposible trasladarlo a tiempo para que fuera operado, así que decidió realizar el procedimiento él mismo. Esto aconteció el 30 de abril de 1961.
Con la ayuda de un espejo y asistido por un ingeniero y un meteorólogo, hizo una incisión de 12 centímetros en su abdomen bajo anestesia local. La operación duró casi dos horas (incluyendo varios momentos en que Rogozov perdió el conocimiento), pero concluyó el procedimiento exitosamente y unos cuantos días después estaba completamente restablecido.

6. Evan O'Neill Kane. En 1921, este Doctor de Pennsylvania, quiso probar que el éter, el cual en ese momento era el anestésico general por excelencia se utilizaba con demasiada frecuencia cuando podía ser sustituido por otros locales menos peligrosos. Como prueba, el médico se operó a sí mismo, extirpándose el apéndice bajo los efectos de otro anestésico local, colocándose en la mesa de operaciones con un espejo sobre su abdomen. Junto con otros tres médicos en el quirófano a modo de apoyo, Kane realizó la extensa incisión para remover el apéndice suturándolo sus ayudantes (esto fue anterior a la implementación de nuevas técnicas que permitieron a los médicos realizar incisiones del tamaño de una curita para la extirpación del apéndice). El médico se recuperó con éxito. Unos años después, cuando contaba con 70 años, el doctor Kane se realizó una cirugía mucho más complicada para reparar una hernia inguinal. La cercanía a la arteria femoral la convertía una operación particularmente delicada, y Kane la realizó en menos de dos horas. Según informaron los otros médicos que estaban con él, estaba relajado y bromeaba aun cuando suturaba a milímetros de importantes vasos sanguíneos.

5. Joannes Lethaeus. Si ya una autocirugía es algo sorprendente por sí solo, si encima hablamos de hace más de 350 años, la cosa es realmente sorprendente. Pues eso hizo este herrero holandés, al hacerse una litotomía él mismo, es decir, se extrajo una piedra del riñón (del tamaño de un huevo de gallina) él solo, con la única ayuda de una especie de cuchillo de la época y sus propias manos, que fueron las que sacaron la piedra de su interior. Parece ser que lo hizo perfecto, necesitando ayuda únicamente de un profesional para cerrarse la herida.

4. Sampson Parker. Este hombre estaba sembrando maíz en su granja, y accidentalmente una máquina procesadora atrapó su guante, y después, su mano. Trató de gritar pidiendo ayuda, pero no había nadie cerca. Por más de una hora intentó sacar su mano de la máquina, consiguiendo solamente lo contrario: su mano cada vez se atrapabamás. Viendo ésto, agarró una barra de hierro y empezó a golpear la máquina, y después sacó una navaja para cortarse los dedos y liberarse de ella. Antes de terminar, la máquina causó un cortocircuito, lo que resultó en un pequeño incendio que cada vez crecía más. Al ver que su piel empezaba a derretirse como plástico caliente, se dio cuenta que era tiempo de actuar, por lo que tendría que desprenderse de su brazo o morir en las llamas. Por supuesto, su elección fue luchar con todas sus fuerzas, y empezó a cortar su brazo.
En palabras de Parker, el único dolor que sintió fue cuando cortaba los nervios. La carne no la sentía. Más aún, Parker agradece al fuego por crear esa enorme angustia en él, porque de lo contrario, probablemente hubiera sido bastante doloroso.
Cuando lo único que le aferraba a la máquina era su hueso, usó su peso para romperlo, tirándose con todas sus fuerzas hacia el suelo. Cuando se levantó, una llanta de la máquina explotó y lo lanzó dos metros. Inmediatamente salió corriendo, con su brazo chorreando sangre, hacia su camioneta, con la cual llegó hasta la carretera a pedir ayuda, pero nadie paraba a socorrerle. Se vio forzado a cruzar su camioneta en la mitad de la carretera, pero aún así, nadie le ayudaba, hasta que finalmente, Doug Spinks salió de su coche a ayudar a Parker, quien, al salir del carro, expuso la gravedad de sus heridas. Spinks, viendo que su piel estaba grisácea y la pérdida de sangre era tremenda, pensó que no sería capaz de salvarle. Afortunadamente, un helicóptero de rescate llegó a tiempo y llevó al herido a un hospital, donde se recuperó con éxito.

3. Douglas Goodale. En 1998, este viejo pescador de 35 años, estaba en plena pesca de langostas en alta mar. Cuando se disponía a sacar a su presa con las redes, una gran ola impactó en el barco, creando una holgura en la cuerda, la cual luego se enrollaría alrededor del torno. Mientras intentaba alcanzar el botón para apagar el motor y destrabar la cuerda, su manga se enganchó en el cabrestante. En segundos, éste había tomado su mano y parte de su brazo. Solo e incapaz de liberarse, y con su cuerpo balanceándose en el barco, los instintos de supevivencia del pescador tomaron el control, y usó su brazo bueno para subir su cuerpo hacia el barco. Debido a la forma en que su brazo derecho había quedado trabado, tuvo que dislocar su hombro de su brazo lastimado en el proceso. La única forma de liberarse era cortar su propio brazo. Pensando en su esposa y en sus dos hijas, tomó su cuchillo gemelo y comenzó a cortar. El agua salada del océano y el torcimiento de su brazo ayudaron a reducir la pérdida de sangre. Por último, se las arregló para pilotar el barco hasta el puerto y conseguir ayuda médica, recuperándose con éxito en los días siguientes.

2. Aron Ralston. En 2003, mientras estaba en un viaje de senderismo en Blue John Canyon (cerca de Moab, Utah), una roca se desprendió, aplastando su antebrazo derecho y atrapándolo contra la pared del cañón. Ralston no había contado a nadie sus planes de ir de excursión y sabía que nadie estaría buscándolo. Suponiendo que iba a morir, pasó unas cien horas sorbiendo lentamente su pequeña cantidad de agua restante tratando de sacar el brazo. Sus esfuerzos fueron inútiles ya que no podía desalojar su brazo. Con el tiempo se quedó sin agua, talló su nombre, fecha de nacimiento y la presunta fecha de la muerte en la pared del cañón de piedra arenisca, y grabó en vídeo un último adiós a su familia.
Después de cinco días tratando de levantar y romper la roca, el deshidratado y delirante Ralston se dispuso a amputar el antebrazo derecho atrapado con el fin de escapar. 5 Después de liberarse, todavía estaba a veintisiete kilómetros de su vehículo, y no tenía teléfono móvil. Tuvo que hacer rappel en una escarpada pared de 20 metros, y luego caminó por el cañón bajo el caliente sol del mediodía. En el camino se encontró con una pareja de turistas, quienes le dieron agua y alertaron a las autoridades. Fue finalmente rescatado por un equipo de búsqueda en helicóptero seis horas después de la amputación de su brazo. Su brazo fue retirado de debajo de la roca y recuperado por las autoridades del parque. Fue incinerado por Ralston.
La éxitosa película, nominada a 6 Oscar en la edición de este 2011, 127 horas está basada en este acontecimiento.

1. Inés Ramírez. Esta campesina mexicana, la cual solo habla el idioma zapoteco (nada de español), y que no ha recibido formación médica alguna, consiguió realizarse ella misma una cesárea, en la que tanto ella como su bebé salieron totalmente indemnes.
Ramírez se encontraba sola en su choza cercana a Río Talea, México, cuando rompió aguas, la comadrona más cercana se hallaba a 80 km de distancia, a lo largo de un terreno irregular y lleno de caminos difíciles y su marido se encontraba bebiendo en una cantina. Río Talea, el pueblo de esta mujer, tiene 500 habitantes y solamente cuenta con una línea telefónica, pero muy lejana.
A la medianoche del 5 de marzo del año 2000 después de 12 horas de continuo dolor y un pequeño avance en el parto, Inés se sentó en un banco y utilizó un cuchillo de cocina para abrirse el abdomen. Ramírez cortó a través de su piel en una línea diagonal por encima del estómago hacia el ombligo (una típica Sección-C llega más abajo del ombligo). Después de operarse ella misma por espacio de una hora consiguió llegar al útero y extraer a su bebé.
Después cortó el cordón umbilical con unas tijeras, y cayó inconsciente al poco tiempo. Cuando recuperó el conocimiento, se envolvió el abdomen herido y le pidió a su hijo de 6 años de edad, Benito, que consiguiese auxilio. Horas más tarde, el médico de la aldea encontró a Inés yaciendo al lado de su bebé, despierta y consciente. El médico suturó la incisión de 17 cm de largo con una aguja e hilo disponibles. Finalmente fue llevada al hospital más cercano, en donde dos obstetras la examinaron a ella y a su bebé encontrándolos en perfectas condiciones.

1 comentario:

Unknown dijo...

pensando en todo esto...como medico cirujano general graduado en la ULA,Merida ,Venezuela hice una cesarea hace una semana en un lugar donde estaba de noche y una señora estaba en trabajo de parto y fue rechazada de una maternidad publica aqui en Sanfelix,bolivar ,Venezuela...le aplique analgesia acupuntural con granos de arroz y la ayuda de la vecina frotandolos y con una navaja e hilos de coser telas...la hice...TODO BIEN

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