miércoles, 17 de noviembre de 2010

Las Historias Médicas más Impresionantes

El título de esta lista también podría ser "Los milagros médicos más impresionantes", pero no nos vamos a dejar llevar por ese término, ya que nuestro objetivo en este blog no es ni mucho menos polemizar sobre nada, y este es un tema que genera bastante controversia, ya que hay gente que piensa que si ocurre algo en la medicina es por algo relacionado con la ciencia, y otros que es el mismo Dios el que actua. En estos casos, cuanto menos, se deben de pensar una de esas dos opciones:

10. Un hombre con Sangre Verde. Un equipo de cirujanos canadienses se impresionó cuando el paciente que estaban operando comenzó a derramar sangre negra verdosa oscura.

El hombre emuló al señor Spock de Star Trek – el oficial científico del Enterprise quien supuestamente tenía sangre verde de Vulcano.
En este caso, el color inusual de la sangre del hombre de 42 años era por el medicamento que estaba tomando debido a la migraña.
La cirugía de pierna del hombre fue continuada con éxito y su sangre se hizo normal una vez que le quitaron la droga.
El paciente había estado tomando grandes dosis de sumatriptan – 200 miligramos al día.
Esto había causado una condición rara llamada sulfahemoglobinaemia, donde el azufre se incorpora a la hemoglobina que transporta el oxígeno en las células rojas de la sangre.

9. Kareen Keegan. Esta estadounidense necesitaba un transplante de riñón urgentemente, por lo que su hijo se ofreció para donárselo, sin que en principio tuviese que haber ningún problema de incompatibilidad. Pero eso no fue lo que ocurrió, ya que si lo hubo, y tras insistir los médicos en que la única posibilidad era que su hijo, no fuese en realidad su hijo biológico, y tras varias pruebas, se llegó a la conclusión de que lo que ocurría era que Kareen tenía en realidad dos genómas humanos distintos, es decir, dos tipos de ADN diferentes.

8. Natalie Adler. Desde que tiene 11 años, esta australiana de 21, ha entrado en una extraña rutina: sus ojos permanecen abiertos tres días seguidos, para luego cerrarse otros tres.
Nadie se lo explica. “Algo ocurre la tercera noche. Me acuesto y puedo abrir los ojos, pero cuando amanece ya no puedo abrirlos”, dice Natalie.
Según los expertos del Royal Victorian Hospital, de Melbourne, el blefarospasmo podría explicar que los ojos se cierren, si bien se trataría de un grado de blefarospasmo nunca visto. Pero, ¿qué hay de la rutina? ¿Por qué cada tres días?
“Tenía 11 años. Era domingo y al día siguiente tenía un examen de inglés. Me desperté con los ojos hinchados. Tras una sinusitis y una infección por estafilococo, nada volvió a ser como antes”, cuenta Natalie.
Entre los remedios utilizados para controlar el problema de Natalie está la toxina botulínica, pero funcionó sólo un tiempo: durante dos años la rutina de seis días pasó a ciclos de cinco, permaneciendo los ojos cerrados sólo un día. Finalmente abandonó este tratamiento debido a la aparición de fatiga y naúseas. Además, el día en que el ojo permanecía abierto, el párpado del ojo izquierdo caía inexplicablemente.
Natalie también lo ha intentado con la estimulación eléctrica, pero no ha funcionado.

7. Margret Wegner. Margaret, de nacionalidad alemana, tiene 59 años, y acaba de iniciar una nueva vida, despues de ser sometida a una operacion, donde se le extrajo casi la totalidad del lapiz, que tenia incrustado en su cabeza desde los 4 años. Porque fue entonces cuando sucedio todo: sufrio una caida mientras llevaba en la mano un lápiz de 8 centímetros de largo, que le perforó una mejilla y se alojó en el cerebro.
"Perforó la piel y desapareció en mi cabeza. Dolia como un demonio", dijo Wegner al diario alemán Bild. En aquel entonces no existía la tecnología para retirar sin peligro el lápiz, así que Wegner tuvo que vivir con él' -y los dolores de cabeza crónicos y el sangrado de la nariz que la acompañaron- durante las próximas cinco décadas y media.
El pasado año, el doctor Hans Behrbohm, un otorrinolaringólogo de la berlinesa Park-Klinik Weissensee, pudo utilizar una moderna técnica para identificar el lugar exacto del lápiz y poder determinar los riesgos de su extracción, tras lo cual extirpó 6 de los 8 centimetros que media el lapiz. Los dos centimetros restantes del lapiz estaban tan fuertemente aferrados que fue imposible quitarselos. Por suerte, durante estos 55 años el objeto apenas se movio de su sitio, y no afecto al craneo.
Es evidente que el episodio de Los Simpsons, en los que Homer tiene un plastidecor en la cabeza durante años está basado en esta historia.

6. Xu Pinghui. Esta niña china, desarrolló un extraño síndrome a los 8 meses de vida. Desde entonces, se ríe de manera incontrolable. No puede hablar y sólo se comunica por sonidos. Sus padres dicen que " no tienen consuelo ".

Xu Pinghui ahora es una adolescente de 13 años, cuya vida viene siendo un calvario desde bebé.
Xu Weiming, padre de la criatura, ha gastado todo su dinero en el neurólogo para atender a la niña, y los neurólogos encargados del caso han programado un estudio de se cerebro, ante lo que se supone que es un daño en el lóbulo frontal causado por la fiebre que Xu Pinghui sufrió a los ocho meses de edad.

5. Yi Zhao. Seguimos en China, ya que cuando este hombre de 56 años llegó al hospital de su ciudad, Chingqing, los médicos se quedaron asombrados, ya que tenía un grifo empotrado en su ojo después de haberse resbalado en la bañera. Se avisó a los bomberos, que cortaron el grifo que salía al exterior, pero todavía tenía 40 cm empotrados dentro del ojo. Después de horas y horas sin saber que hacer los médicos, Yi Zhao, dice que "se cansó de esperar", y de un tirón decidió arrancarse el mismo el grifo. Algo que en principio parece una estupidez, consiguió poder sacárselo sin padecer secuelas ni en la vista ni en el cerebro.
4. Jim Mcclatchey. Debido a una infección no identificada que albergaba en su corazón, este hombre de Atlanta, sufrió al menos 50 paros cardíacos durante la primera hora que estuvo hospitalizado tras desvanecerse en las escaleras de su casa. Los médicos lo reanimaron cerca de 100 veces con un desfribilador lo que causó quemaduras de segundo grado en su piel. Sin embargo, lo mantuvo vivo el tiempo necesario para que la atención surtiera efecto y él fuera capaza de sobrevivir.  

3. William Sheridan. De procedencia común y escaso talento artístico, empezó a dibujar de una forma extraordinaria tras recibir un trasplante de corazón en 2006. Investigaciones del fenómeno advirtieron que su donador había sido Keith Neville, un corredor de bolsa con marcada inclinación artística. 
Este hecho sirvió en numerosas investigaciones respecto a lo que se denomina "memoria celular", una habilidad para recordar que estaría alojada en muchas más células del cuerpo que únicamente las del cerebro. Las manos y el corazón están entre las partes más estudiadas debido a esta capacidad teórica. 

2. Lakshmi Tatma. Estaba unida por la pelvis a una hermana gemela parásita que no logró desarrollarse. Tiene cuatro piernas y cuatro brazos, y su parecido a la diosa de la abundancia Lakshmi -de quien lleva el nombre- conmocionó a su humilde aldea, en la frontera con Nepal.
Después de recibir los padres la negativa de varios cirujanos para operarla debida a la gran peligrosidad que ello acarreaba, hace 4 años un equipo se atrevió. Todo salió bien, y la niña ha comenzado este año el colegio, con un cuerpo como el de cualquiera de sus compañeras de clase.

1. Mark Chenoweth. licenciado en literatura de 45 años que vive en Leek (Staffs), en Sudáfrica, que lleva desde los 12 años en una silla de ruedas, paralizado de cintura para abajo, a causa de su espina bífida, recuperó la mobilidad tras una inmersión buceando. El milagro duró tres días y tras otra inmersión volvió a andar.
Según cuenta el propìo Mark,”cuanto más profunda es la inmersión, más tiempo puedo valerme por mi mismo. Es un milagro.” Los doctores que le atienden desde hace años no salen de su estupor ante este hecho que han constatado es real. Buscan la explicación a esta repentina curación que, según ellos, “jamás pensaron que pudiera producirse”. Dicen que es probable el que “durante la inmersión, el oxigeno extra que aporta al torrente sanguíneo la presión que aumenta con la profundidad, tienen un efecto beneficioso temporal en determinadas células nerviosas”.
Realmente, los médicos que atienden a Mark y toda una serie de especialistas consultados sobre este caso, no saben hacia dónde apuntar para explicar la causa exacta de la curación. Lo que sí está claro es que cuanto más profundo bucea, más tiempo dura “la curación”. Si tras la primera inmersión de 30 minutos a 17 metros de profundidad, estuvo tres días andando, con la segunda, 45 minutos a 25 metros, consiguió andar durante casi tres semanas. Mark y su mujer Denise tienen claro que, aunque sea pleno invierno, tendrán que bucear “por obligación” para que Mark pueda andar y hacer una vida normal.

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